Windows 11 mira a la inteligencia artificial, a los agentes y a una nueva generación de PCs, pero una parte esencial de su funcionamiento sigue descansando sobre una base nacida hace más de tres décadas: Win32. Mark Russinovich, CTO de Microsoft Azure y creador de Sysinternals, lo ha recordado con una frase que resume bien la paradoja del sistema operativo de Microsoft: quienes vivieron la informática de los noventa quizá esperaban coches voladores y estaciones lunares en 2026, no que Win32 siguiera siendo una pieza central de Windows.
La idea puede sonar extraña, incluso incómoda, para quienes asocian lo antiguo con lo obsoleto. Pero en sistemas operativos la edad no siempre es un defecto. A veces es una ventaja. Win32 no sigue ahí por nostalgia, sino porque soporta una cantidad inmensa de aplicaciones, herramientas profesionales, drivers, utilidades empresariales, software industrial, programas de administración y flujos de trabajo que millones de usuarios y empresas todavía necesitan cada día.
Win32 no es solo pasado: es compatibilidad
Win32 es una interfaz de programación de aplicaciones, una API, que permite crear aplicaciones de escritorio para Windows. Microsoft la sigue documentando como una de las plataformas disponibles para desarrollar software nativo en Windows, especialmente con C++ y acceso directo a capacidades del sistema operativo.
Su importancia no se entiende solo por lo que fue en Windows 95, Windows NT o Windows XP. Se entiende por lo que todavía permite hoy: que una aplicación escrita hace años pueda seguir funcionando, que una empresa no tenga que rehacer de golpe todo su software interno y que herramientas críticas sigan operando aunque el sistema operativo haya cambiado de aspecto, seguridad, modelo de drivers, tienda de aplicaciones o integración cloud.
Esa compatibilidad hacia atrás ha sido una de las grandes fortalezas de Windows. También una de sus grandes cargas. Cada decisión nueva debe convivir con décadas de software existente. Cambiar demasiado puede romper aplicaciones. Cambiar demasiado poco puede frenar la modernización. Microsoft lleva años intentando equilibrar esas dos fuerzas, a veces con éxito y otras con bastante confusión para desarrolladores y usuarios.
El propio ecosistema de Microsoft lo demuestra. UWP sigue estando soportado, pero la compañía presenta WinUI y Windows App SDK como la vía preferida para crear aplicaciones modernas. Windows App SDK ofrece APIs y herramientas para aplicaciones de escritorio modernas y puede integrarse con WinUI 3, WPF, Windows Forms o Win32. Es decir, incluso el camino moderno no rompe de forma radical con el legado: intenta envolverlo, extenderlo y hacerlo convivir con nuevas capas.
El problema no es que exista código antiguo, sino cómo se mantiene
La presencia de tecnología de los noventa en Windows 11 no debería interpretarse como una confesión de fracaso. Todos los sistemas importantes arrastran capas antiguas. Linux conserva decisiones históricas, macOS mantiene herencias de Unix y NeXTSTEP, y gran parte de Internet funciona sobre protocolos diseñados hace décadas. La diferencia está en si ese legado se mantiene, se revisa y se adapta a amenazas y usos actuales.
Ahí está el punto delicado para Microsoft. Windows 11 quiere ser más moderno, más ligero, más seguro y más preparado para IA local. Al mismo tiempo, debe seguir ejecutando aplicaciones Win32 que muchas empresas consideran imprescindibles. Esa tensión explica parte de las críticas al sistema: sensación de mezcla entre interfaces antiguas y nuevas, paneles duplicados, procesos en segundo plano, servicios heredados y una experiencia que a veces parece avanzar por capas superpuestas.
Russinovich no es una voz cualquiera en este debate. Además de su cargo en Azure, es una figura muy respetada entre administradores de sistemas, desarrolladores y expertos en Windows por Sysinternals, el conjunto de herramientas avanzadas que creó en 1996 para diagnosticar, administrar y entender mejor Windows. Microsoft mantiene hoy Sysinternals como una colección esencial para profesionales de TI y desarrolladores, con utilidades como Autoruns, ProcDump, Sysmon, Process Explorer o ZoomIt.
Esa trayectoria hace que su comentario tenga una lectura más interesante. No suena tanto a disculpa como a recordatorio técnico: Windows no puede reinventarse desde cero sin romper una parte enorme de su propio valor. Lo difícil es modernizar sin destruir compatibilidad.
La IA no elimina el legado, lo hace más importante
El debate llega justo cuando Microsoft intenta presentar Windows como una plataforma preparada para la inteligencia artificial. La compañía ha hablado de PCs con NPU, Copilot, automatización, agentes y experiencias más integradas en el sistema. Pero cualquier futuro de Windows tendrá que convivir con la base Win32 durante mucho tiempo.
Esto no es necesariamente malo. Muchas aplicaciones profesionales que podrían beneficiarse de IA local son precisamente aplicaciones de escritorio tradicionales: edición, ingeniería, CAD, gestión empresarial, desarrollo, ciberseguridad, monitorización, administración de sistemas, análisis de datos o herramientas internas. Si Microsoft quiere que la IA llegue a todo ese software, necesita una forma de conectar capacidades modernas con aplicaciones existentes, no pedir a todo el mundo que reescriba desde cero.
Windows App SDK representa parte de esa estrategia: dar acceso a funciones modernas sin obligar a abandonar de inmediato frameworks conocidos. El reto será hacerlo de forma coherente, con buen rendimiento y sin añadir más capas de complejidad. Los desarrolladores llevan años escuchando nombres nuevos en el ecosistema Windows, desde UWP hasta WinUI, pasando por Project Reunion y Windows App SDK. La claridad importa.
También importa el rendimiento. En los últimos años, muchos usuarios han criticado que Windows se sienta más pesado de lo necesario, especialmente cuando se compara con sistemas más controlados como macOS o con distribuciones Linux ligeras. La dependencia de Win32 no es la única causa, pero sí forma parte de una arquitectura donde conviven aplicaciones nativas, componentes web, servicios cloud, telemetría, compatibilidad empresarial y nuevas funciones de IA.
El legado puede ser ventaja si no se convierte en lastre
La gran pregunta no es si Windows debería borrar Win32. No puede hacerlo sin romper su ecosistema. La pregunta es si Microsoft será capaz de convertir ese legado en una ventaja y no en una excusa. Mantener compatibilidad no debería impedir mejorar rendimiento, seguridad, coherencia visual, consumo de memoria o fiabilidad.
De hecho, Win32 sigue siendo muy relevante porque muchas aplicaciones nativas ofrecen algo que los usuarios valoran cada vez más: rapidez, bajo consumo y control. Después de años de aplicaciones web empaquetadas como escritorio, muchos desarrolladores y usuarios vuelven a apreciar el software nativo bien hecho. En ese sentido, la vieja API no es solo una reliquia. También es una vía para crear aplicaciones eficientes cuando se usa con criterio.
El problema aparece cuando el legado se acumula sin orden. Cuando hay configuraciones duplicadas, APIs solapadas, paneles antiguos escondidos, componentes difíciles de auditar o dependencias que nadie se atreve a tocar. En ese punto, la compatibilidad deja de ser virtud y se convierte en deuda técnica.
Windows 11 seguirá apoyándose en Win32 porque el mundo real sigue necesitando ese puente con décadas de software. La noticia no está en que exista código antiguo, sino en que Microsoft lo reconozca como una pieza viva de su estrategia. Si lo mantiene bien, Win32 puede seguir siendo una base sólida. Si lo arrastra sin modernizar, será una carga cada vez más visible.
El futuro de Windows probablemente no será una ruptura limpia entre lo viejo y lo nuevo. Será una convivencia larga entre Win32, Windows App SDK, aplicaciones modernas, IA local, servicios cloud y herramientas empresariales. En sistemas operativos, a veces el progreso no consiste en borrar el pasado, sino en conseguir que no impida avanzar.
Preguntas frecuentes
¿Windows 11 sigue usando Win32?
Sí. Win32 sigue siendo una parte central del ecosistema Windows y Microsoft mantiene documentación activa para desarrollar aplicaciones de escritorio con esta API.
¿Eso significa que Windows 11 es antiguo o inseguro?
No necesariamente. Que una tecnología tenga décadas no la hace insegura por sí misma. Lo importante es cómo se mantiene, se audita y se integra con las capas modernas del sistema.
¿Qué es Windows App SDK?
Windows App SDK es el conjunto moderno de APIs y herramientas de Microsoft para crear aplicaciones Windows, compatible con tecnologías como WinUI 3, WPF, Windows Forms y Win32.
¿Por qué Microsoft no elimina Win32?
Porque rompería la compatibilidad con una cantidad enorme de aplicaciones empresariales, profesionales e industriales que siguen dependiendo de esa base.
Did anyone expect Win32 to still be going strong in 2026? Mark Russinovich explains why its deep roots in Windows—and the massive ecosystem built on top—have given it serious staying power. Turns out “legacy” can still mean essential.
— Microsoft Dev Docs (@docsmsft) May 6, 2026
SysInternals site: https://t.co/BOsLvgAn81 pic.twitter.com/6Yd3ipX42p




