En un mundo cada vez más dependiente del software, la voz de Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre, resuena con una fuerza singular. Para Stallman, el software no es simplemente una herramienta técnica, sino un campo de batalla político, ético y social. Su discurso, respaldado por décadas de activismo y desarrollo, subraya una cuestión clave para profesionales de la informática, administradores de sistemas y responsables de infraestructura: ¿controla el usuario su informática o está siendo controlado por ella?
Desde la creación del proyecto GNU en 1984 hasta su rol actual como presidente voluntario de la Free Software Foundation, Stallman defiende las cuatro libertades esenciales que todo programa debe ofrecer para considerarse libre: ejecutar, estudiar, modificar y distribuir. Estas libertades, explica, son imprescindibles no solo para garantizar la autonomía del usuario, sino también para preservar la seguridad, la sostenibilidad y la soberanía tecnológica. En su visión, sin estas libertades, el software se convierte en un instrumento de opresión digital.
En una reciente entrevista, Stallman insistió en la distinción fundamental entre «software libre» y «código abierto». Mientras el segundo hace hincapié en beneficios prácticos y eficiencia de desarrollo, el primero pone el foco en la libertad y la justicia social. «El software que no es libre es un problema social», afirma, y propone su sustitución como una cuestión de responsabilidad ética ineludible. Para él, hablar de software libre no es una cuestión semántica: es una declaración de principios.
Para las administraciones públicas y entidades gubernamentales, Stallman es categórico: usar software privativo equivale a renunciar a la soberanía tecnológica. «Si una agencia pública pierde el control de su informática, está incumpliendo su deber ante el pueblo», señala con firmeza. Experiencias como el decreto ecuatoriano para migrar hacia software libre, aunque insuficientemente ejecutadas, son vistas como pasos en la dirección correcta. Stallman propone que cada país legisle en favor de la adopción de software libre en todos los niveles del Estado, como una forma de garantizar la transparencia, el ahorro económico y la independencia de intereses corporativos extranjeros.
Desde el punto de vista técnico, Stallman critica duramente los servicios en la nube por su opacidad y centralización. «La nube no existe, salvo en la mente del usuario», sostiene con ironía. Para él, entregar el procesamiento y los datos a servidores de terceros es una cesión inaceptable del control informático. En un contexto donde el acceso remoto, los sistemas distribuidos y la dependencia de terceros son habituales, su reflexión invita a repensar las arquitecturas desde una perspectiva de independencia, auditabilidad y confianza.
Asimismo, ha criticado abiertamente mecanismos como el DRM (gestión digital de restricciones) y legislaciones como la DMCA estadounidense, que penalizan romper protecciones que impiden a los usuarios ejercer sus derechos sobre el software y los contenidos. Según Stallman, muchos programas privativos incluyen funcionalidades «malévolas», desde espionaje hasta puertas traseras, pasando por rastreo constante del comportamiento del usuario, lo que plantea un serio riesgo para la seguridad personal, la privacidad y la soberanía informática.
Entre las soluciones impulsadas por el movimiento GNU destaca el sistema de pago anónimo GNU Taler, que pretende ofrecer transacciones electrónicas sin comprometer la privacidad del usuario. A diferencia de criptomonedas como Bitcoin, que no garantizan el anonimato completo, Taler está diseñado para proteger al usuario que paga, sin ocultar a los comerciantes, buscando así un equilibrio entre privacidad y cumplimiento legal. En palabras de Stallman, «una sociedad justa necesita informática libre y anónima».
En tiempos de identidades digitales centralizadas, vigilancia masiva y concentración tecnológica, el software libre no es sólo una alternativa técnica, sino un modelo de gobernanza digital. Para los responsables de sistemas, adoptar soluciones libres no es solo una decisión económica o técnica, sino una declaración de principios que refuerza la autonomía y la ética profesional. A nivel global, el movimiento del software libre propone una resistencia organizada frente a la concentración del poder digital en manos de unas pocas corporaciones.
Como concluye Richard Stallman en muchas de sus conferencias: «Happy hacking, pero con libertad». Una frase que, más que un lema, se convierte en un recordatorio constante de que la informática puede y debe estar al servicio de los derechos fundamentales de las personas y de las comunidades que la utilizan.
Referencia: Publicación en u-Gob y Revista Cloud. Ilustración vía IAfreeimages.