En la actualidad, la educación en diseño de interfaces y experiencia de usuario (UI/UX) se encuentra en un proceso de transformación para alinearse mejor con las prácticas reales del sector. Los programas educativos tradicionales, muchas veces enfocados en aspectos superficiales como el diseño de layout y la tipografía, están quedando rezagados frente a la complejidad del diseño moderno, donde el uso de inteligencia artificial (IA) y la inclusión neurodiversa juegan roles cruciales.
El problema radica en un currículo educativo que no evoluciona al ritmo del mundo profesional. La enseñanza sigue centrada en un estudiante típico, mientras que la realidad es mucho más diversa. Esta situación ha sido agravada por la evolución de la IA, la cual ahora se integra profundamente en el comportamiento de interfaces, modificando cómo estas operan y se recuperan de fallos.
A pesar de su importancia creciente, la IA sigue tratándose como un complemento opcional en muchos programas académicos. Se limita a su enseñanza básica mediante herramientas como ChatGPT, en lugar de fomentar una comprensión profunda de temas críticos como la gestión de incertidumbres y restricciones de seguridad. Esta falta de profundidad en la formación se refleja en un rendimiento deficiente de equipos que combinan seres humanos e IA, como señala un metaanálisis en la revista Nature Human Behaviour.
Para enfrentar estos retos, es vital que la educación en diseño se reestructure en torno a tres pilares: reconocer la diversidad cognitiva, conceptualizar la IA como una infraestructura básica, y gobernar la incertidumbre de manera consciente. Estos enfoques permitirían a los estudiantes enfrentar la incertidumbre y la falla como componentes naturales del diseño, integrando además una gobernanza responsable y consciente de la IA dentro del currículo central.
Asimismo, se propone una revisión de la metodología de enseñanza, donde la creación y la toma de decisiones se consideren etapas separadas en el proceso de diseño. Esta transformación educativa no busca simplemente añadir temas adicionales a los ya sobrecargados programas de estudio, sino más bien redefinir el significado de «hacer diseño» en un entorno donde la IA es omnipresente.
Este renovado enfoque en el aprendizaje no solo prepara a los futuros diseñadores para los desafíos actuales, sino que también les equipa para trabajar eficazmente en un mundo marcado por interacciones tecnológicas complejas y adaptativas. De esta manera, la educación en diseño se perfilará como un campo más inclusivo y acorde con las demandas del siglo XXI, asegurando que los futuros profesionales no solo se adapten, sino que también lideren en un entorno en constante cambio.