El final del soporte de Windows 10 ha abierto un carril de oportunidades para quienes no quieren —o no pueden— dar el salto a Windows 11. Requisitos de hardware más estrictos, equipos válidos que se quedan fuera por TPM 2.0 o CPU no admitidas y una experiencia de uso que no convence a todos han empujado a miles de usuarios a probar Linux. La señal más visible llega de Zorin OS: su última versión, Zorin OS 18, ha superado 1.000.000 de descargas en cinco semanas, y según su telemetría el 78 % procede de equipos con Windows. No es un censo de migraciones definitivas, pero sí un termómetro elocuente de un cambio de ánimo.
La fotografía de fondo es conocida. Windows 10, lanzado en 2015, dejó de recibir actualizaciones de seguridad en octubre de 2025 (salvo para quienes paguen ESU, el programa de actualizaciones extendidas). Microsoft lleva tiempo empujando a Windows 11, pero el nuevo sistema llega con exigencias técnicas que dejan fuera a millones de ordenadores que, por rendimiento, aún tienen recorrido. Para quien no planea renovar PC a corto plazo, el cruce de caminos es claro: pagar ESU, asumir riesgos quedándose en un sistema sin parches… o explorar alternativas.
Por qué ahora sí: menos fricción para “aterrizar” en Linux
Durante años, dar el salto a Linux exigía reaprender hábitos y aceptar compromisos. Hoy, parte de esa barrera ha caído. Zorin OS es un buen ejemplo: la edición 18 adopta un diseño familiar para quien viene de Windows —menú en la esquina izquierda, barra de tareas con accesos directos, área de sistema reconocible— con toques visuales modernos. La promesa es sencilla: sentirse “en casa” desde el primer arranque.
La distribución no se queda en lo estético. Integra un instalador de aplicaciones web (PWA) que permite “instalar” Microsoft 365, Teams, Google Docs o Photoshop Web como si fueran apps nativas, con icono y ventana propios. La sincronización con OneDrive desde el gestor de archivos, las mejoras de compatibilidad para programas de Windows mediante Wine (con configuraciones por defecto más amistosas) y el soporte RDP incorporado facilitan la vida de quienes viven entre ecosistemas. En el apartado multimedia, la adopción de PipeWire mejora la latencia y la calidad del audio Bluetooth. Además, es una versión LTS con actualizaciones garantizadas hasta 2029, un horizonte de soporte que da tranquilidad.
Nada de esto convierte a Zorin OS en la única puerta de entrada a Linux, pero explica por qué tantos usuarios están, al menos, probándolo. Muchos lo hacen primero en modo “live” desde un USB —sin tocar el disco— y, si encaja, pasan a instalación limpia o arranque dual para una transición gradual.
El coste de no moverse… y el coste de moverse a Windows 11
Seguir en Windows 10 sin parches no es gratis: crece el riesgo de incidentes de seguridad, fallos de cumplimiento y paradas que salen caras. Pero migrar a Windows 11 también tiene coste: equipos no compatibles por una lista de CPU soportadas y TPM que obliga a renovar hardware antes de tiempo, además de una curva de adaptación que no todo el mundo quiere recorrer. Ahí es donde Linux —y Zorin OS en particular— aparece como tercera vía: aprovechar el PC existente, aligerar licencias y mantener un entorno de escritorio estable y bien soportado si las necesidades encajan.
¿Todo es perfecto? No. Si el juego en PC es la prioridad número uno, Zorin OS no es una distribución “gamer-first”, aunque el ecosistema Linux ha mejorado mucho gracias a Steam + Proton. En estos casos, muchos optan por doble arranque o por distribuciones centradas en gaming mientras llega SteamOS para PC. En software muy específico de Windows, conviene probar antes (modo live, máquina virtual) y valorar alternativas nativas o el uso de la web.
Qué gana el usuario que prueba Linux hoy
Lo más valioso a corto plazo es la opción. Probar Linux en 2025 ya no es un salto al vacío: existen interfaces familiares, integración con servicios cloud que la mayoría usa a diario y tiempos de soporte comparables a los de una versión “larga” de Windows. Para oficinas y pymes, el combo de PWA + suite web + RDP cubre gran parte del día a día. Para uso personal, navegar, ofimática, multimedia y comunicación funcionan sin trucos.
Otra ventaja es la eficiencia. Muchas distribuciones —Zorin incluida— van más ligeras que un Windows 11 con el lastre de servicios en segundo plano. En equipos con unos años, esa diferencia se nota: menos discos al 100 %, menos ventiladores al límite, más sensación de fluidez en tareas cotidianas.
Una oportunidad de fin de semana
Para quienes llegan tarde al fin de Windows 10, el consejo de los técnicos es casi unánime: respaldo de datos, USB de prueba y paciencia. Un fin de semana alcanza para probar Zorin OS sin riesgo, verificar periféricos (impresoras, escáneres, Wi-Fi), iniciar sesión en los servicios habituales y decidir con calma si instalar o convivir con Windows un tiempo. Si el equipo no pasa el filtro de Windows 11 y renovar no entra en los planes, esa prueba puede ahorrar meses de incertidumbre… y algún susto.
Mientras tanto, Microsoft continuará empujando a Windows 11 y ofreciendo ESU a quien quiera pagar por alargar Windows 10. Pero los números de Zorin OS sugieren otra tendencia: crece la disposición a dedicar tiempo a una alternativa. No es una revolución de la noche a la mañana; sí un desgaste paulatino que, por primera vez en mucho tiempo, tiene fricción suficientemente baja como para que millones lo intenten.