La Unión Europea (UE) lleva años proclamando su voluntad de alcanzar la soberanía digital, pero la realidad avanza en dirección contraria. Hoy, administraciones públicas, universidades, empresas y ciudadanos dependen en exceso de soluciones tecnológicas extranjeras, fundamentalmente estadounidenses. Microsoft Office, Windows y los servicios de correo en la nube de Google y Microsoft se han convertido en pilares de nuestro día a día, creando una dependencia estructural que limita la autonomía política, económica y tecnológica del continente.
Mientras tanto, iniciativas aisladas de algunos países para sustituir Windows por distribuciones de Linux muestran que existe la intención de cambio, pero no una estrategia común. La situación exige que Europa piense en grande: un plan coordinado que abarque no solo sistemas operativos, sino también suites ofimáticas, correo electrónico y servicios cloud, con una apuesta decidida por soluciones opensource y europeas.
La trampa de Microsoft Office: más que un procesador de textos
Microsoft Office no es simplemente un conjunto de aplicaciones de productividad. Se ha convertido en el estándar de facto de la administración y la empresa, lo que obliga a ciudadanos y organizaciones a depender de formatos propietarios y a pagar licencias recurrentes.
Aunque existen alternativas sólidas como LibreOffice, la falta de voluntad política y la inercia institucional han impedido que prospere una transición a gran escala. Al mismo tiempo, la integración cada vez más estrecha entre Office y servicios en la nube como OneDrive o Outlook 365 refuerza un modelo de bloqueo tecnológico (vendor lock-in) que hace extremadamente difícil escapar del ecosistema Microsoft.
La dependencia es tal que incluso en instituciones educativas europeas, donde debería priorizarse la enseñanza en formatos abiertos, Office 365 se ha convertido en el estándar, perpetuando una cultura tecnológica de dependencia desde la formación inicial.
El correo electrónico: atrapados entre Google y Microsoft
Si miramos al correo electrónico corporativo y educativo, el panorama no es muy diferente. La inmensa mayoría de universidades, centros de investigación y administraciones europeas dependen de Google Workspace o Microsoft Exchange Online.
Esta centralización plantea dos problemas clave:
- Privacidad y soberanía de los datos: buena parte de la correspondencia sensible de gobiernos, instituciones y ciudadanos europeos se almacena en servidores controlados por empresas estadounidenses, sujetas al Cloud Act.
- Riesgo de monopolio: la concentración en tan solo dos proveedores reduce la competencia, incrementa costes a largo plazo y limita la innovación local.
Frente a ello, soluciones de correo basadas en software libre como Postfix, Dovecot o Roundcube permiten construir infraestructuras propias bajo control europeo. Sin embargo, estas requieren una apuesta política y presupuestaria sostenida, en lugar de la actual comodidad de externalizar todo a servicios en la nube de terceros.
SUSE, openSUSE y Debian: pilares para la soberanía digital
En el terreno de los sistemas operativos, el ejemplo de SUSE, compañía con sede en Alemania, resulta paradigmático. SUSE Linux Enterprise es una de las pocas soluciones comerciales de nivel empresarial con raíces europeas capaces de competir con Red Hat (IBM) y con Microsoft en el ámbito corporativo y gubernamental.
Junto a SUSE, la comunidad mantiene vivo openSUSE, una distribución libre, potente y comunitaria, que ofrece un ecosistema sólido tanto para servidores como para escritorios. Apostar por SUSE y openSUSE no significaría solo adoptar Linux: implicaría reforzar una empresa con sede en la UE y un proyecto comunitario global donde Europa podría jugar un papel central.
Ahora bien, no toda la soberanía debería descansar en manos de empresas, por muy europeas que sean. En este sentido, distribuciones como Debian, completamente comunitarias y gestionadas por voluntarios de todo el mundo, representan una alternativa estratégica: Linux puro, sin depender de corporaciones, lo que garantiza independencia a largo plazo.
Si Europa realmente quisiera apostar por la soberanía tecnológica, un ecosistema combinado entre soluciones comerciales europeas (SUSE/openSUSE) y proyectos 100% comunitarios (Debian, LibreOffice, Nextcloud, etc.) sería la mejor receta.
Los sacrificios inevitables (y necesarios)
Migrar de Microsoft Office a LibreOffice, de Exchange a soluciones de correo libre o de Windows a Linux no está exento de dificultades:
- Se perdería acceso directo a algunas aplicaciones clave (Adobe Creative Cloud, AutoCAD, etc.).
- La compatibilidad con formatos cerrados de Microsoft puede seguir siendo un obstáculo en entornos mixtos.
- El ecosistema de videojuegos, aún dominado por Windows, se resentiría, pese a avances como Proton y Steam en Linux.
Sin embargo, los sacrificios a corto plazo deben entenderse como una inversión estratégica a largo plazo. Si los 450 millones de ciudadanos de la UE migran de forma coordinada, será el propio mercado quien fuerce a empresas globales a adaptar sus aplicaciones y juegos a Linux y a estándares abiertos.
Europa frente al espejo de EE. UU. y China
Mientras Europa discute, Estados Unidos protege a Intel y General Motors, y China blinda a Huawei o Lenovo. El mensaje es claro: las grandes potencias no dejan caer a sus campeones tecnológicos.
Europa, en cambio, sigue atrapada en la ortodoxia de un libre comercio que, en la práctica, ha facilitado que marcas históricas como Volvo o MediaMarkt acabaran en manos de capital extranjero. La soberanía digital no es solo una cuestión de software, es una cuestión de poder geopolítico y supervivencia industrial.
Conclusión: del discurso a la acción
Europa tiene los cimientos: SUSE, openSUSE, Debian, LibreOffice, Nextcloud. Lo que falta es visión estratégica y voluntad política.
Si la Unión Europea quiere evitar convertirse en un simple mercado de consumo gestionado por gigantes tecnológicos estadounidenses y chinos, debe dar un paso decisivo:
- Migrar de Windows a Linux, con SUSE y openSUSE como eje comercial y Debian como columna vertebral comunitaria.
- Sustituir Microsoft Office por LibreOffice y promover estándares abiertos en la administración, la educación y la empresa.
- Abandonar Gmail y Exchange en favor de soluciones de correo libre desplegadas en infraestructuras controladas desde Europa.
La soberanía digital no se logra con discursos, sino con decisiones difíciles. Y el momento de tomarlas es ahora, antes de que la brecha tecnológica con Estados Unidos y China se convierta en un abismo imposible de salvar.