Hay historias que, por pequeñas, explican una época mejor que cualquier informe. Una de las más comentadas estos días en el sector tecnológico la protagoniza Tobi Lütke, CEO de Shopify, al relatar cómo convirtió un bloqueo cotidiano en una herramienta funcional en cuestión de minutos: recibió su resonancia anual en un USB, pero el visor recomendado exigía un software comercial para Windows. Desde su Mac, decidió no pelearse con instalaciones ni licencias: pidió a una Inteligencia Artificial que le construyera un visor HTML y, según su propio testimonio, el resultado era “mucho mejor”. Remató la historia con un detalle aún más significativo: “un prompt más” y el visor podía anotar hallazgos.
El contenido del mensaje es llamativo, sí. Pero lo que realmente dispara las alarmas —y la imaginación— es el subtexto: el impulso de “hacerlo uno mismo” con IA está empezando a competir con el SaaS tradicional en un terreno que parecía reservado a proveedores especializados. Y no se trata solo de programadores.
Un cambio de hábito: cuando la IA se convierte en la primera opción
Lütke describe algo que muchas compañías están viendo nacer dentro de sus equipos: la IA deja de ser una herramienta “para cuando hay tiempo” y pasa a ser un reflejo. Ante una fricción, antes de buscar un producto o abrir un ticket, se prueba con un prompt. Ese gesto, repetido miles de veces, podría redefinir el mapa del software empresarial.
My annual MRI scan gives me a USB stick with the data, but you need this commercial windows software to open it.
— tobi lutke (@tobi) January 11, 2026
Ran Claude on the stick and asked it to make me a html based viewer tool. This looks… way better. pic.twitter.com/6bAR7N4Vt6
Porque lo que emerge no es únicamente “código generado”, sino una nueva dinámica: el usuario está más cerca de la solución. La barrera entre la persona que sufre el problema y la persona que lo resuelve se estrecha hasta casi desaparecer. La IA hace de traductor entre intención y ejecución, y el resultado puede ser un microproducto funcional: un visor, una utilidad, un panel, un exportador, un script, un “parche” local que evita la compra de una licencia.
Del SaaS “para todos” al microsoftware “para mí”
El SaaS se construyó sobre una promesa: empaquetar una necesidad común, estandarizarla y venderla a escala. Pero en muchos sectores, una parte relevante del gasto en software no responde a “necesidades comunes”, sino a pequeñas fricciones del día a día: herramientas cerradas, procesos heredados, integraciones a medias, visores anticuados, reportes rígidos o dependencias absurdas.
Ahí es donde el “software por prompts” tiene su oportunidad. No pretende ser perfecto. Pretende ser suficiente. Y sobre todo, pretende ser inmediato.
En el ejemplo del visor médico, la mejora no es únicamente estética: es de accesibilidad y control. Se pasa de “usa Windows y este programa” a “ábrelo en un navegador”. En un entorno corporativo, ese patrón se replica con facilidad:
- “Necesitamos un panel para ver X”
- “Hace falta exportar Y a un formato específico”
- “Queremos un visor interno para Z”
- “Este proceso se podría automatizar con un flujo simple”
Durante años, esas peticiones acababan en backlog, o se resolvían con una compra. Ahora pueden resolverse con un prototipo funcional en horas.
La parte incómoda: el nuevo “shadow IT” no viene en forma de apps, sino de utilidades
Para directores de IT y administradores de sistemas, esta tendencia tiene una cara B muy clara: si la creación de herramientas se democratiza, también se democratiza el riesgo. El “shadow IT” ya no será solo contratar servicios sin permiso. Será generar software sin proceso.
Y ese software, aunque nazca con buena intención, puede introducir problemas conocidos:
- dependencias sin fijar ni auditar
- credenciales pegadas en código o variables mal protegidas
- ausencia de control de versiones
- logging excesivo con datos sensibles
- permisos de red y sistema demasiado amplios
- herramientas que se vuelven críticas sin dueño ni mantenimiento
El punto clave es que este microsoftware puede empezar como algo personal (como el visor del USB) y terminar, sin querer, en un circuito de trabajo compartido: “pásame esa herramienta”, “ponla en el equipo”, “que lo use el departamento”.
La gran pregunta: ¿qué queda del SaaS cuando la solución nace dentro?
No significa que el SaaS vaya a desaparecer. Significa que cambia el tipo de valor que se paga. Lo replicable con prompts presiona a las herramientas de nicho que viven de ser “la única opción”. Pero el SaaS sigue siendo difícil de sustituir cuando aporta lo que cuesta construir y mantener:
- cumplimiento normativo, auditoría y trazabilidad
- SLAs, soporte y responsabilidad contractual
- integración profunda y mantenimiento continuo
- seguridad de extremo a extremo y gobierno del dato
- escalabilidad y operación 24/7
En otras palabras: el catálogo de features puede dejar de ser el centro. El centro se desplaza a confianza, operación y garantías.
Cómo deberían reaccionar las organizaciones: carriles seguros, no frenos
La respuesta eficaz no suele ser prohibir. Suele ser canalizar. Si la empresa quiere velocidad, IT debe ofrecer infraestructura y guardarraíles para que esa velocidad no rompa seguridad ni continuidad.
En la práctica, eso implica cosas muy concretas:
- repositorios internos y plantillas de proyecto (con licencias claras)
- pipelines mínimos: pruebas, escaneo de dependencias, revisión ligera
- gestión centralizada de secretos
- contenedores/sandbox para ejecutar herramientas generadas
- políticas de salida a internet y control de egress
- un registro de “microherramientas” con dueño y propósito
El objetivo es que el software “hecho con prompts” no sea una selva, sino un jardín: creativo, pero mantenible.
Un anticipo de lo que viene
La publicación del CEO de Shopify no es importante por el visor en sí. Es importante porque normaliza una conducta: resolver fricciones con IA antes de comprar o esperar. Si ese hábito se convierte en cultura, los próximos años traerán una explosión de utilidades internas, microservicios y herramientas hipercontextuales que no existían porque antes no compensaba construirlas.
Ahora sí compensa. Y eso reordena el negocio del software desde dentro.
Preguntas frecuentes
¿Qué se entiende por “software por prompts” en un entorno empresarial?
Herramientas o automatizaciones creadas a partir de instrucciones en lenguaje natural a un modelo de IA, iterando hasta obtener un resultado funcional para un caso de uso concreto.
¿Por qué esto puede afectar al SaaS tradicional?
Porque parte del software de nicho se compra para resolver fricciones pequeñas. Si esas fricciones se resuelven con microherramientas internas “suficientemente buenas”, el SaaS tendrá que competir por valor añadido (seguridad, soporte, cumplimiento, operación).
¿Cuál es el principal riesgo para IT y sysadmins?
La aparición de “shadow software”: utilidades desplegadas sin control de versiones, auditoría, gestión de secretos o mantenimiento, que pueden convertirse en críticas sin que nadie las gobierne.
¿Cómo se puede permitir esta innovación sin comprometer seguridad?
Con carriles seguros: plantillas, repositorios internos, pipelines mínimos, sandboxing, gestión de secretos, escaneo de dependencias y responsables claros por cada microherramienta.